Mi primera entrada


Reseña: Y si quedamos como amigos

Este libro es muy especial para mí porque fue uno de los primeros, si no el primero, de romance que leí. Además, fue la historia que me hizo enamorarme de la dinámica friends to lovers, una de mis favoritas hasta el día de hoy.

La historia comienza cuando Macallan acaba de perder a su madre. En su primer día de clases, el director le pide que ayude a integrarse al chico nuevo, Levi. Aunque su primer encuentro no es precisamente el mejor y Levi no le cae de maravilla, Macallan intenta incluirlo en su grupo de amigas. Sin embargo, Levi preferiría pasar tiempo con otros chicos que con ella y sus amigas. Aun así, poco a poco comienzan a construir una amistad que terminará convirtiéndose en una de las relaciones más importantes de sus vidas.

Uno de los aspectos que más me gusta de este libro es que realmente nos permite ver crecer a los personajes. A lo largo de varios años acompañamos a Macallan y Levi mientras maduran, cambian, cometen errores, viven nuevas experiencias y enfrentan distintos desafíos. Su amistad evoluciona de forma natural y los sentimientos no aparecen de la nada; se construyen poco a poco a través de los años y de todos los momentos que comparten juntos.

Como toda historia romántica, también hay drama, pero en general considero que los conflictos funcionan bien porque ayudan al desarrollo de los personajes y de su relación. Uno de mis momentos favoritos es el primer beso, que ocurre cuando Macallan intenta callar a Levi sin imaginar todo lo que ese impulso desencadenará.

Si tuviera que señalar algo que no termina de convencerme, sería la parte posterior a la confesión de Levi. Entiendo que ambos están lidiando con sentimientos que pueden cambiar por completo su amistad, pero tanto la decisión de Macallan de alejarse como lo que sucede cuando regresa se sienten un poco más dramáticos de lo necesario. Especialmente la forma en que ella reacciona al ver que Levi ha seguido adelante y está en una nueva relación, prefiriendo mantener distancia en lugar de afrontar lo que siente. Aunque el enfrentamiento entre ambos era necesario para que la historia avanzara, siempre me ha parecido una de las partes más exageradas del libro.

También adoro el humor ácido entre los protagonistas y la dinámica entre sus familias, que aporta momentos muy divertidos y entrañables. Las conversaciones, las bromas y la confianza que existe entre ellos hacen que la relación resulte muy creíble y fácil de disfrutar.

Otro detalle que siempre me ha encantado son las conversaciones que Levi y Macallan mantienen al final de cada capítulo. Esos pequeños intercambios funcionan como comentarios sobre los acontecimientos que acabamos de leer, casi como si ambos estuvieran reaccionando a su propia historia. Además de ser muy divertidos, permiten conocer mejor sus pensamientos y aportan un toque único a la narración.

En cuanto al final, me gustó y me pareció satisfactorio, aunque después de acompañar a estos personajes durante tantos años, me habría encantado ver un poco más de ellos ya como pareja. Sentí que, después de toda la construcción de su relación, merecíamos algunos capítulos extra para disfrutar de esa nueva etapa.

Volver a leer este libro me recordó por qué le tengo tanto cariño. Quizá no sea la historia más compleja o innovadora del género, pero para mí siempre tendrá un lugar especial por haber sido una de mis primeras lecturas románticas y por haberme hecho descubrir una dinámica que sigo adorando hasta hoy.

Si disfrutan las historias de amistad que evolucionan lentamente hacia algo más, personajes que crecen juntos y romances que se construyen con paciencia, definitivamente les recomiendo darle una oportunidad.

Y ustedes, ¿ya lo leyeron? ¿Les gustó tanto como a mí o tienen una opinión diferente? 

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